El poeta dominicano afincado en los Estado Unidos ...
publica nuevos libros de poemas.
De un colegio mayor, son los recuerdos primeros. Y es que 20 años no son nada. Primero fue el guía, el docente que venia con su tropa de latescentes alumnos risueños con ojos asombrados de tantas parejas pegadas a los besos en las calles a plena luz del día. Y por las noches en el Miguel Antonio Caro, se firmaba el esqueleto en la transformación del hombre al mago de la música. Y canciones como Pedro Pedroche, y Los Americanos hacían que de allí no se marcharan ni los camareros, ni tan siquiera el conserje que esperaba al sereno ere una ve entregado el despacho al sereno, se quedaba a tomar un vinillo solo por oír las hipnóticas escenas del actorando grouchista, o por ver desde otro ángulo más cercano a las bellas extranjeras felizmente idiotizadas por el poeta.
El Libro de los Fragmentos, traducido al inglés por un comisario de la reserva de los pieles rojas, más concretamente navajos, es editado en su segunda edición en la india asiática. Se puede decir que es el hilo conductor de todos sus libros, siendo los Otros anterior, fue bautizado en Madrid.
Rei Berroa quien fuera en su juventud un trotamundos viajando a lomos de la poesía, primero en su su República, Dominicana, y luego en Guatemala en los difíciles años , iniciales del 70, quién comenzó sus postgrados en los felices e ingenuos años de la Santa Transición Española ,bajo la dirección de Maestros en poesía como Carlos Bousoño y Claudio Rodríguez , y en filosofía como Julián Marías en la universidad complutense de Madrid, años convulsos y nuevos en política, y también renovadores en música, cuando Madrid hervía de costa a costa del Manzanares, y la música copaba la noche de la famosa movida, era entonces cuando Rei vivía en una buhardilla en Lavapies, donde era visitado a veces por el zamorano Claudio Rodríguez, y brindaban al son de las esquinas celestes por los dones de la ebriedad, el río no les quedaba lejos lejos , y era limpio de cementos y estaba libre de faraones, luego vino el cambio del cambio, y el poeta con su guitarra , recaló finalmente en los EEUU, en Pittsburg donde terminó su Maestría en los secretos poéticos, pero aun siendo bilingüe su poesía es apartes iguales cervantina por su costado central y vallejiano por su ala sureña. Si, si también es capaz de traducir al más puro anglosajón los versos del dipsómano Allan Poe, y los caminos del viejo Whitman.
Las Otredades de Rei Berroa editado por la Fundación Sinsonte en Zamora ha sido recientemente publicado, siendo finalista de la Asociación de Editores de Poesía.
Y de las castellanas otredades llegamos a la otredad washingtoniana, donde el Rei coordina varias antologías en papel, del famoso maratón de poesía organizado por el Teatro de La Luna, dirigido por el incansable argentino Mario Marcel.

Por último, señalar que Palomas Pensajeras es un libro más que celebrado , se puede decir que adorado por los fans de los vuelos irónicos, y originales de la celebración ,alados años que de aterrizajes tan perfectos saben caer en la pistas, las aeronave Reyna causando verdadera pasión por donde pasa, Colombia, Cuba, Turquía , Venezuela o México saben mucho del capitán de los versos de oro sucio, del mando de los poemas hímnicos, del profesor de las palabras volanderas como la piel que muda, como la emoción que habla y sabe que decir, como hacerse respetar , una voz de nuestro tiempo entrañable como pocas. Palabra.
Pero mejor dejar interrumpido el discurso, y que hablen solo sus poemas, mano a mano con la madera de las siete cuerdas, que parece la escultura adentro del pino como una mujer que al abrazarla suena de verdad las verdades todas.
Podría hablar de un hombre que me acogió en su casa de Virginia, cuando el crudo invierno en la Costa Este, no era apto para los sueños viajeros del no tan joven poeta, que no sabía de sus traducciones al inglés. Podría hablar de la noche Gandhi, en la calle de las embajadas, podría hablar de una muñeca de porcelana, y podría hablar hasta cansarles a ustedes respetable público, pero es la hora, de un hombre tranquilamente humano. Chema Rubio
