26/9/2007 CINE |FESTIVAL
MaribelVerdú y Blanca Portillo bordan un duelo interpretativo en San Sebastián
•Las actrices se lucen en 'Siete mesas de billar francés', de Gracia Querejeta
- Verdú pasa ante los fotógrafos tras la proyección de Siete mesas de billar francés, ayer en San Sebastián. Foto: EFE / JAVIER ECHEZARRETA
MÁS INFORMACIÓN
SAN SEBASTIÁN
Los duelos interpretativos entre actrices son un referente del cine de Gracia Querejeta (Madrid, 1962). En Siete mesas de billar francés, Maribel Verdú y Blanca Portillo hacen creíble el ritual de enfrentamientos previos a la reconciliación que conlleva ponerse en la piel de dos mujeres totalmente distanciadas que acaban entendiéndose. Visto el resultado, sus nombres tienen muchas posibilidades de aparecer, de nuevo, en las nominaciones de los premios Goya. Ayer, esta película sobre la vulnerabilidad que provoca el fallecimiento repentino de alguien cercano fue recibida con cálidos aplausos en el festival de cine de San Sebastián.
Siete mesas de billar francés es el quinto largometraje de Gracia Querejeta, y el tercero que lleva a este certamen. El reencuentro de la familia ante una muerte y los traumas de la infancia son los mismos puntos de partida de sus anteriores películas. En Cuando vuelvas a mi lado, la directora convocaba a tres hermanas al funeral de su madre. En Héctor, el niño protagonista se marchaba a vivir con su tía tras fallecer su madre. Está claro que le atrae indagar en el pasado situando a sus personajes en crisis existenciales.
PINCELADAS DE HUMOR
Dentro de estas coordenadas se mueve Siete mesas de billar francés. Ángela, el personaje de Maribel Verdú, regresa con su hijo a Madrid ante la noticia de la hospitalización de su padre, que regenta un salón de billar que ha quedado anclado en el tiempo. Nada más llegar, Charo (Blanca Portillo), la amante de su padre, le comunica el fatal desenlace, y que la única herencia que deja son deudas. La realizadora está convencida de que esta vez ha conseguido ir más allá: "Dar un paso adelante en el intento de acercarme a los problemas de la gente". Pero la diferencia es que en esta ocasión recurre al humor "para descargar el drama, por la necesidad de que el dolor no fuera tan extremo".
El productor Elías Querejeta le quitó importancia a la obsesión --cinematográfica-- de su hija por inciertos destinos tras la muerte de un progenitor. "No es cuestión mía, sino de Freud", bromeó. Más serio, matizó: "No mata al padre, la trama comienza con él ya muerto. Y va justo de eso, de que para tirar para adelante debes deshacerte del muerto, seas hijo, amigo o amante".
Maribel Verdú reconoce que, por una razón íntima, es el personaje más difícil que ha interpretado. "Tiene mucho que ver conmigo. Yo he reaccionado exactamente igual que ella ante una de las situaciones dramáticas por las que atraviesa". La actriz reconoce que sintió "temor" cuando Querejeta le dijo que compartiría protagonismo con Blanca Portillo. "Soy tan cobardica que primero dije que no. Por poco no me atrevo. Es un reto estar a su altura".
Portillo asegura que se ciñe al guión. "Me tatúo las palabras en el corazón para que salgan. Las relaciones son difíciles de inventar pero esta película transmite realidad".
