La Coctelera

El POESIMISTA

De la Poesia a la Guerra , solo nos separa el tiempo o ánimo del corazón.

28 Mayo 2007

El Primer Poesimista Hondureño

La luz proceso de

Nacen las voces en una especie de trance,

y es así como se entiende

el por qué los cerros tienen la textura del pan,

porque además te lo vas repitiendo:

“el cerro está en rodajas como el pan”,

y luego, cualquier fragmento de luz

reclama su nombre y origen,

por eso es que gritás chispas y decís:

“qué buena es la luz que no existía”

“qué buenas las carreteras de mi país”

“qué buenas las familias que tapan agujeros en ellas...”

y es entonces que te sentís tan humano,

pensás en lo afortunada que es la esposa bien recibida en casa,

pensás en los gatos tramando una conjura

y en las lotificaciones que se abren temprano en la noche

para los miles de obreros que por fin quieren soñar...

Es entonces que te volvés insoportable,

desnudás a medio mundo con tu poesía de rayos x,

vas murmurando galimatías en el colectivo

y pensás: “qué buena era la luz cuando no existía”

qué buenas las familias con su unidad en la miseria,

las esposas que no tienen ningún libro con quien competir,

¡Pero ay, qué buena es la humanidad

con sus ojos de caracol atisbando la lejanía!

El regreso a la vaca perdida

Un hombre puede quedar vacío

si se toma demasiado en serio,

idea tras idea,

limpio el cráneo para un cenicero.

Hay cruces atiborrando las bodegas

y pelucas de juez que se miden

con mucho cuidado,

Al igual, un hombre puede reunirse

y vaciar de un trago sus recuerdos,

ni más ni menos, ebrio en las estaciones

contemplar los buses y a su gente en las ventanillas

enmarcados como tristes cuadros de la asfixia.

Tengo presente el llanto en los mataderos

y el largo cruce de mirada entre la vaca y el niño.

El resoplar de la sangre

como una lona zarandeada por el viento,

el mugido interrogante y los ojos

acuchillándole todo el laberinto de las vísceras.

Ayer creía verme despierto

envuelto en el aura de las palomas

y deteniendo en mi soplido la caída de las estatuas.

Quizá de allí la vaca y su relación con lo perdido,

eso que buscamos en los archivos del tedio

y entre el polvo que los lavabos trasiegan.

Una estatua me decía que su amor

eran las ondulaciones del humo

y el poder del cigarrillo besando a cualquiera.

Habían corazones en la historia, claro,

con seguridad una lengua lasciva

burbujeando en las palabras.

Pero yo estaba en el asunto de los buses

y sus museos ambulantes,

fascinado bajo el farol que me rodeaba

como una polilla.

Ni siquiera hablaba en griego esa noche

y por lo tanto, Helena, nada tenía que ver con mi guerra.

Era yo y mis zumbares, nada más,

la miel empalagosa de la memoria,

el sentido absurdo de regresar a una vaca

que te miraba y te preguntaba

sin decir absolutamente nada.

Volviendo al asunto

En todo caso,

el niño es un pasillo con luz en el fondo,

algo que se va cerrando o abriendo paso

en la conciencia de la vaca.

La sangre es una alfombra roja

por donde pasan los recuerdos invitados.

Afuera lloran los que esperan entrar,

entre ellos, la lluvia, ese invento de los tristes.

Porque era fácil hablar de piedad

cuando el trueno sacudía los nervios

y el azote de nuestra madre

se convertía en abrazo y respuesta,

porque uno preguntaba, sí,

siempre haciendo el papel del infeliz más necio,

buscándole piedras rosettas al tapizado con revistas

y explicando cualquier mancha en la hoja de tarea,

porque de lo contrario, la maestra se enojaba,

la maestra vida y el conjunto vacío,

ese silencio ante las notas en rojo del animal

que mugía y hacía correr a los débiles de carácter

y al niño, no le quedaba otra que estudiar,

repasar, olvidar, borrar,

olvidar con la rapidez de un carnicero

que pasa presto a la siguiente víctima,

como la maestra, eligiendo respuesta

o borrando del pizarrón

el trazo de una vaca dibujada por alguien

a quien no le interesaban los timbrazos del recreo

ni las clases de inglés de la gringa Johnson,

sólo las palomillas que salían del rastro en invierno

como llevándose algo que tan sólo él y sólo él

podrían ya reconocer.

La nieve es una vitamina

Cuando sueño con nieve

ninguna hoja en blanco sobrevive.

Al despertar, copos de papel llenan con su ventisca

las horas del trabajo, entre sorbos de Leteo

e imaginación barata

hago trizas curriculos, noticias,

cualquier fragilidad impresa de dudosas propiedades.

De aquí supongo

que el lápiz es la estación del hielo,

un patín que rasga veloz a la llana palabra.

Claro está, que nunca he visto la nieve.

el granizo ha sido como un abrazo que se detiene,

una sonrisa a la cual, de improviso, se le caen los dientes.

pero he aprendido a vivir sin ella,

y qué lastima, porque con nieve

hubiera aprendido a amar las runas y a Kant,

al positivismo y al revisionismo, en fin,

tendría bonanza y frialdad, una abuela en las colonias,

vacaciones en Mallorca, pedantería de sobra

y en mis sueños, no habrían Blancanieves

ni esta mezcla de asombro y suspenso

que acompaña siempre

a todo soñador del trópico.

Cuento del avión que nunca regresó

I

Para entonces

los aviones os habrán cortado las manos.

El cielo caerá como un pañuelo

y las rutas, serán borradas por los motores.

Eso lo pienso ahora

que veo estremecerse los fuselajes,

cuando se agazapan las montañas

y los pájaros se vuelven invisibles.

Tegucigalpa, es el risco más lejano,

en ella anidan serpientes aladas

y San Jorge se ha inventado las suyas.

Los aviones son miopes

los aviones tiemblan al mirarnos de frente.

¿Y a qué vendrán a esta ciudad

que siempre está diciendo adios?

Cuando cruza un avión,

Tegucigalpa entera se detiene para decirle adios.

Las familias corren al final de la pista

en un afán de accidente y fantasías de cisnes.

Los aviones van de paso

huyendo de nuestro adios.

II

Todo avión es el último

y a él, Saigón, me encomiendo.

Ruego por él en las terrazas,

disputo un espacio para que me mire,

pero el tiempo vuela lejano

y otras pistas mejor plantadas lo retienen.

¡Ah hermoso zumbar de los motores!

Te sueño rompiendo los cristales y engullendo a tu paso

la oración migrante de los miedosos.

¡Hidráulico tren de aterrizaje!

Te imagino sobre pistas de hielo

girando en silencio hacia las salas de espera

pero no llegas, no.

El cielo no se abre resplandeciente

y ningún altavoz anuncia tu gloria.

De vez en cuando

pasa un pájaro y creo alcanzar su sombra,

recorro media ciudad tras él

hasta el momento en que baja

a picotearme el rostro.

Todo avión es el último

y a su ausencia, miserable,

en medio del humo de miles de cigarrillos,

le sacrifico boletos, angustias y equipajes.

Plegaria vacuna

Cuelgo divertido de mi globo ocular.

Y claro, que el viento es un niño resuelto

que me lleva a la altura

donde toda catedral es una vaca muerta

con la ubre de las cúpulas

tensas y agrietadas.

El cielo tiene un filo que espanta

y sin embargo, ninguna campana delata

el temblor supino de nuestra heroica vaca..

“Cada animal es gregario –me decía el arriero-

y el rumiar, es su constante rezo.
¿Pero adónde puede ir una vaca

que siempre ha cargado en sus manchas

todas las nubes del cielo?”

Ya nada importa,

el olvido entra por el cuello.

Mañana rezaré

antes de lamer tu manso cuerpo.









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El POESIMISTA

Madrid , España
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EL POESIMISTA solo es una palabra.Y además no es mía. La primera vez que la leí fue en un poema del guatemalteco Roberto Monzón Morales. Años más tarde leí la misma palabra en un libro de Roque Dalton. No tengo dudas de que Roberto le copio a Roque y no al revés. El Poesimista al igual que Gitagovinda, solo son dos voces de un mismo escritor, hay otras como Joseph Belascoo,Maiakosvki, Josbel, o Joseba Lasko , que quizás hayan visto alguna vez firmando en algún lugar, todas esos nombres son las máscaras que a veces uso, para esconderme de mi mismo, por unos segundos al menos. Cuando un texto no va firmado en este blog lo escribe : EL POESIMISTA : Chema Rubio Velasco www.chemarubio.com

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